miércoles, marzo 30, 2005

sublime

Tomen en cambio al benévolo y sesudo Adrasto, que pensaba para si: ‘Tengo que tratar a esta persona con amor y respeto porque es mi mujer’. Ya pueden los encantos fortuitos alterarse; siempre continúa siendo su mujer.
De tal calidad son los principios.

Kant, Lo bello y lo sublime

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22 años... Muy fácil decirlos, pero cuando trato de descifrarlos se me agolpan montones de emociones vividas y sentidas hasta la médula. Que...