Tomen en cambio al benévolo y sesudo Adrasto, que pensaba para si: ‘Tengo que tratar a esta persona con amor y respeto porque es mi mujer’. Ya pueden los encantos fortuitos alterarse; siempre continúa siendo su mujer. De tal calidad son los principios. Kant, Lo bello y lo sublime
Comentarios
Y pues si se han de oir chistosos, pero ya vez hubieras grabado algo, ya ni pex sera pa la otra